Ser Cristiano implica recibir por fe a Jesucristo como Señor y su regalo de amor y perdón de Dios. Esto resulta en una triple entrega de dedicación a una persona, la persona del Señor Jesucristo. Es una entrega de su intelecto, de sus emociones y voluntad a El. Examinemos, uno por uno, cada elemento de esta entrega del cristiano.
La evidencia incluye escritos de los contemporáneos de Jesús cuyas vidas fueron transformadas para siempre como resultado de su comunión íntima con El. Los enemigos de Cristo verificaron también Su resurrección al conspirar y pagar testigos para fabricar una historia que explicara el motivo por qué la tumba de Jesús estaba vacía.
Por medio de éstas y otras pruebas más convincentes, nosotros sabemos con certeza que Jesús vivió en la tierra, murió y resucitó.
En los últimos años de su vida, el dramaturgo alemán Johann Wolfgang Von Goethe escribió: "Si alguna vez el Divino se apareció en la tierra, fue en la persona de Cristo". El novelista y filósofo ruso Fedor Dostoievsky dijo: "Aun aquellos que han renunciado al cristianismo y lo atacan, en lo profundo de su ser todavía siguen el ideal cristiano, porque hasta ahora ni la astucia ni el ardor de sus corazones ha podido crear un ideal de hombre más elevado y virtuoso, que el ideal dado por Cristo. Cuando esto se ha intentado, el resultado ha sido grotesco". El Dr. Charles Malik de Líbano, expresidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas dijo, "Yo realmente no se que quedaría de la religión y de la historia, si la influencia de Cristo, directa e indirecta, fuera erradicada de la literatura, del arte, de la vida diaria, de las normas morales y de la creatividad en las diferentes actividades de la mente y del espíritu". Napoleón Bonaparte, el famoso general francés, dijo durante su exilio, "Yo conozco al hombre, y le digo a usted que Jesucristo no es meramente un hombre. Entre El y cualquier otra persona en el mundo, no hay comparación posible. Alejandro, César, Carlomagno y yo hemos fundado imperios. Pero, ¿en qué basamos las creaciones de nuestro propio ingenio? En la fuerza. Jesucristo fundó su imperio sobre el amor; y en este momento millones de hombres morirían por él". Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos de América y autor principal de la Declaración de la Independencia, dijo, "De todos los sistemas de moralidad que he observado, antiguos y modernos, ninguno me parece tan puro como éste de Jesús".
Más importante que lo que otros dicen acerca de Jesús, es lo que la Biblia dice acerca de El. Jesucristo era Dios en carne y hueso. El vino a la tierra para morir en nuestro lugar. El estuvo dispuesto a llevar sobre sí, la muerte que cada uno de nosotros merecía. Por medio de su muerte y resurrección, Jesús nos permite recibir vida eterna y acceso libre al Dios Todopoderoso.
Hace varios años, después de haber dado una conferencia en una de las universidades más importantes del país, un joven estudiante se acercó para hablarme. Era el líder del movimiento comunista en la universidad. Me acusó de tratar de "lavarle el cerebro" a los estudiantes por ser yo más maduro que ellos. Además tenía resentimiento contra mí por hablar de mi punto de vista cristiano, una filosofía que, como es natural, se oponía diametralmente a sus creencias marxistas.
En lugar de discutir con él, lo invité a mi casa a cenar. Mientras comíamos, entablamos una amena conversación sobre diversos temas. Después de comer el postre, tomé mi Biblia. "Me gustaría leerle algo de la Biblia," le dije.
El reaccionó duramente. "¡No creo en la Biblia!" declaró. "No quiero oír nada de lo que usted lea. He leído la Biblia de tapa a tapa y está llena de contradicciones y mitos. No creo una palabra de eso".
Le respondí diciendo, "Si a usted no le importa, leeré algunas porciones de todos modos". Entonces abrí mi Biblia en el primer capítulo del Evangelio de Juan y leí:
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.
Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él...
"Déjeme leer eso", dijo ansiosamente. "No recuerdo haberlo leído antes". Leyó otra vez el pasaje cuidadosamente y me devolvió la Biblia sin comentarios. Nuevamente abrí la Biblia, esta vez en Colosenses capítulo 1, comenzando con el versículo 13, y leí:
El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.
Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. (Col. 1:13-20)
De nuevo me preguntó si podía leer el pasaje por sí mismo. Después volví a abrir mi Biblia y leí en Hebreos 1:1-3.
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros tiempos nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.
Para entonces, el joven estaba muy serio. A este punto su actitud beligerante y antagonista había cambiado. En seguida leí 1 Juan 2:22, 23.
¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.
Cuando terminé de leer, él estaba visiblemente conmovido. Conversamos unos instantes más. Después de un momento se levantó y se preparó para marcharse. Le pregunté si le gustaría escribir su nombre en nuestro libro de visitas. El asintió.
Después de anotar su nombre y su dirección, escribió estas significativas palabras, "la noche de la decisión".
He aquí un joven que había venido con fuego en los ojos, lleno de resentimiento y enojo hacia los cristianos. Sin embargo, por medio de la sencilla lectura de la santa e inspirada Palabra de Dios, el Espíritu Santo movió a este joven al punto de estar intelectualmente dispuesto no sólo a aceptar lo que había oído, sino a creerlo y recibirlo.
Después de una de mis conferencias acerca de la singularidad de Jesús, un destacado erudito originario de la India y celoso practicante del hinduismo, quien ostentaba un doble doctorado (uno en física y otro en química) se acercó a mí enojado e impaciente.
"Estoy muy enojado con ustedes los cristianos," dijo. "Me ofende la arrogancia con la que ustedes dicen tener el único camino para llegar a Dios. Yo pienso que el hinduísmo es otro, el budismo, el shintoísmo y otras religiones son todos caminos para llegar a Dios".
Conforme hablamos y examinamos la Biblia juntos, comenzó a ver que el cristianismo es totalmente diferente de otras religiones y filosofías. Sólo el cristianismo hace provisión para la necesidad básica del hombre - el perdón de los pecados. El admitió que la lectura diligente de los sagrados escritos hindúes y el observar cuidadosamente las ceremonias y ritos nunca lo habían capacitado para encontrar a Dios en manera personal. Finalmente, nos arrodillamos juntos, y este joven intelectual hindú le pidió a Jesús que le perdonara sus pecados y que fuera su Salvador.
Para ser cristiano usted debe considerar las aseveraciones de Cristo y creer intelectualmente que Jesús es Dios y murió por sus pecados, fue sepultado y se levantó de entre los muertos. Usted debe creer que El quiere venir a su vida para ser su Salvador y Señor.
2.
Una entrega emocional
El ser cristiano incluye también la participación de sus emociones.
Por las Biblia sabemos que Dios mismo tiene emociones. El siente amor, gozo, tristeza, compasión, enojo, desilusión y muchas otras emociones más. La Biblia también dice que usted fue creado a la imagen de Dios. Como parte de su imagen, Dios nos ha dado la capacidad de experimentar emociones. Todo lo que usted hace, desde que se levanta por la mañana hasta que se va a dormir por la noche, tiene que ver con sus emociones.
Cada persona que cree en Jesucristo como su Señor y Salvador tendrá una experiencia emocional distinta a la de otros. Pablo se encontró con Dios en un episodio dramático en el camino a Damasco. Timoteo, por otro lado, fue formado en un hogar cristiano donde llegó a conocer a Cristo a una edad temprana y creció poco a poco en su fe.
Con frecuencia escuchamos a personas que al convertirse en cristianos comparten entusiastamente cómo sus encuentros dramáticos con Cristo los ha librado de la adicción a la droga, de burda inmoralidad o algún otro grave problema. El hecho de que sus vidas fueran radicalmente cambiadas, respalda sus palabras.
Por otro lado, hay muchos que se han arrodillado silenciosamente en la privacidad de sus hogares, como sucedió en mi caso, o en un retiro en la montaña, o en el santuario de una iglesia y allá recibieron a Cristo en sus vidas sin ninguna experiencia emocional dramática.
Las emociones pueden ser engañosas. Probablemente ningún otro aspecto ha causado más inseguridad en las personas en su relación con Dios, como lo ha sido el énfasis equivocado en las emociones. Yo mismo he tenido momentos de gran regocijo, de entusiasmo y de gran percepción espiritual. Por otro lado, también he tenido momentos de tristeza y desilusión. Pero no dependo de esos sentimientos para determinar mi unión con Dios. Mis emociones pueden ser bastante engañosas.
Nosotros debemos vivir la vida cristiana por fe, no por emociones. Efectivamente, las emociones tienen un lugar en su experiencia personal, pero sus sentimientos y emociones no determinan la verdad de su relación con Cristo. En vez de eso, los estados emocionales deben ser el resultado de su fe y obediencia. Jesucristo dijo, "El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él".
El libro de Romanos nos asegura, "Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá".
En la experiencia cristiana hay un lugar para las emociones, sin embargo, usted no debería buscarlas ni intentar sólo repetir las experiencias emocionales del pasado. Por otro lado, no es bueno ignorar el valor legítimo de las emociones, pero siempre es más importante reconocer que usted está llamado a vivir por fe - fe en Dios y fe en Sus promesas - y no pasarse buscando experiencias emocionales.
Un conocido mío, trajo a su amigo a verme, con la esperanza de que pudiera recibir a Cristo, lo cual efectivamente ocurrió. En el curso de nuestra conversación, se hizo evidente que mi propio amigo no era cristiano, a pesar de su preocupación por la situación espiritual de otros. Yo me atreví a preguntarle, "¿Desde cuándo es usted cristiano?"
"¿En realidad, no estoy seguro de ser realmente cristiano". replicó.
"¿Cree usted que Jesucristo es el Hijo de Dios?"
"Sí".
"¿Cree usted que El murió en la cruz por sus pecados?"
"Sí".
"¿Cree usted que si recibe a Jesucristo como su salvador, El entrará en su vida y le hará un Hijo de Dios?"
"Sí".
"¿Le gustaría recibirlo ahora?"
"Sí, me gustaría, pero estoy buscando tener una experiencia emotiva. Cuando mi madre recibió a Cristo, tuvo una experiencia emocional dramática; por eso yo he estado esperando todos estos años que Dios me dé una experiencia así".
Aunque él era un cristiano profesante y activo en su iglesia, lo que le mantenía en incertidumbre sobre su salvación, era este énfasis equivocado en las emociones. Pude explicarle que él no tenía que estar esperando una experiencia emocional, sino que podía creer en la Palabra de Dios. Finalmente nos arrodillamos para orar juntos y como una sencilla expresión de fe, recibió a Jesucristo como su Salvador y Señor con el gozo adicional de saber que Cristo estaba en su vida.
3. Una entrega de la voluntad
El ser cristiano no implica solamente su intelecto y sus emociones, sino también incluye la voluntad. Usted primero debe estar dispuesto a obedecer a Dios y a Su Palabra.
Cristo enfatizó la importancia de la voluntad del hombre en relación a la seguridad de salvación. Jesús dijo:
El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.
Algunas personas son reacias a obedecer a Cristo porque tienen miedo de que El cambiará sus planes y les quitará todo el gusto por la vida.
Un estudiante a quien aconsejé y por quien había orado mucho, dudaba si debía recibir a Cristo, porque estaba entregado a una vida de fiestas y lujuria sexual. Por medio de las oraciones de compañeros y amigos, este joven decidió obedecer a Cristo. Descubrió que lo que creía que era una vida emocionante, no era nada comparada con la vida abundante que el Señor Jesús nos da. Se convirtió en uno de los cristianos más activos y fructíferos de la universidad.
Este estudiante había luchado contra la voluntad de Dios en su vida hasta que se dió cuenta de la realidad de las palabras de Jesucristo:
Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mi y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.
Un entrenador de atletismo que era muy estimado por millones de personas, un hombre de carácter íntegro y de grandes habilidades, compartió conmigo su renuencia a rendir su vida totalmente a Cristo. Temía que Dios le pidiera convertirse en misionero y tener que abandonar lo que más le gustaba y le producía la mayor satisfacción de su vida - la enseñanza.
Muchas personas que han logrado el éxito han rechazado seguir a Cristo porque tienen miedo que les exija vender sus posesiones y tener que dar todo a los pobres, tal como Jesús le dijo al joven rico que hiciera. Debemos saber que aunque algunas veces Dios bien puede guiar a ciertas personas a regalar sus posesiones, El también guía a otros a usar su posición e influencia para Cristo de otra manera.
Conforme usted camine en fe y obediencia a Dios, como un acto de su voluntad y le permita que El cambie su vida, aumentará la seguridad de su relación con El. Usted vendrá a experimentar la obra de Dios en su vida, mientras El lo capacita para hacer lo que usted nunca habría hecho por sí mismo. Podrá experimentar cosas tales como el amar a aquéllos que lo tratan mal y mantendrá un espíritu de paz aunque esté rodeado de presiones y problemas. Va a desarrollar un deseo cada vez mayor por alcanzar a otros con el amor de Jesucristo.
Pero, si usted no confía en Dios y en el plan que El tiene para usted, ni obedece sus mandamientos, inevitablemente caerá en dudas acerca de su salvación.
Algunas personas no desean recibir a Cristo debido a su orgullo y egocentrismo. Por cincuenta años aproximadamente, he trabajado con los así llamados "intelectuales". Durante esos años, nunca he conocido a una persona que diga, "He considerado toda la evidencia histórica y las palabras de Jesucristo, y no puedo creer que sea el "Hijo de Dios".
Todas las personas a quienes he aconsejado y que han rechazado a Cristo, siempre lo han hecho como un asunto del corazón no de la cabeza - un asunto de la voluntad, no del intelecto. Ellos han usado temas intelectuales como una "cortina de humo" para ocultar los problemas profundos del corazón.
Hace muchos años conocí a un famoso profesor de un prestigioso Seminario. No creía que Jesús era Dios, a pesar de haber enseñado a miles de jóvenes quienes llegaron a ser ministros. Un día, un amigo mío que estaba obteniendo su doctorado bajo la supervisión de este profesor, me invitó a conocerlo.
Mi amigo me advirtió: "El profesor no cree que la Biblia sea la Palabra de Dios, pero es un buen hombre. A mí me cae bien pues es muy amable y cordial. Yo creo que usted podrá entenderse bien con él".
Las primeras palabras del profesor hacia mí después de que fui presentado fueron, "Dr. Bright, cuando usted les habla a los estudiantes acerca de llegar a ser cristianos, ¿qué les dice?"
Conociendo su reputación, yo quería sopesar sus palabras cuidadosamente, pero antes de que pudiera replicar, él me formuló una segunda pregunta. "Mejor aún, ¿qué me diría a mí? Me gustaría llegar a ser cristiano".
Se puso a explicarme que recientemente había estado leyendo la Palabra de Dios con un nuevo entendimiento. Por un par de años había estado estudiando los escritos de los padres de la iglesia y las biografías de los grandes héroes de la fe. Como resultado, se había convencido intelectualmente de que Jesús es el Hijo de Dios, pero no le conocía como su Salvador personal.
Le dibujé un círculo en un pedazo de papel explicando, "Digamos que este círculo representa su vida". En el círculo dibujé un trono y en el trono escribí la letra "Y" por "YO". Luego le expliqué: "Para ser cristiano usted debe recibir a Cristo en su vida como Salvador del pecado y como su Señor y Maestro. Debe rendirle el control de su vida a El".
"Ese es mi problema," dijo. "El orgullo intelectual me ha impedido hacer esto. He recibido muchos honores en el mundo académico, y no he estado dispuesto a humillarme ante Dios. Por años he negado la deidad de Cristo y he enseñado a miles de estudiantes a hacer lo mismo".
En ese momento fuimos interrumpidos por una llamada telefónica, y debido a otras citas ya establecidas, no pudimos finalizar nuestra conversación. El nos pidió que regresáramos dos días después. Cuando regresamos, nos llevó a una oficina sin teléfonos y cerró la puerta con llave detrás nuestro y dijo:
"Quiero que sepan que fui esta mañana a una de las iglesias locales, tomé la comunión y preparé mi corazón para vuestra visita. He estado meditando en el tercer capítulo del Evangelio de San Juan, y quiero que oren por mí para que pueda conocer a Jesucristo como mi Salvador personal".
Yo hice una oración primero, luego él y finalmente mi amigo. Ese día este hombre de renombre internacional, como un niño pequeño, recibió a Cristo por fe como un acto de su voluntad. Toda su vida fue cambiada. Sus enseñanzas cambiaron, su filosofía de vida cambió, y llegó a ser una nueva criatura en Cristo. Básicamente su problema no era intelectual; era un problema de orgullo y egocentrismo.
Otra razón por qué las personas son reacias a comprometer sus vidas a Cristo es porque Satanás los ha engañado. Jesús habló acerca del carácter de Satanás de esta manera:
Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso y padre de mentira.
Hace algunos años fui invitado a encontrarme con un militar bastante conocido. El era una persona muy cordial y agradable. Conforme hablamos, me dijo que quería ser cristiano, pero por algún motivo no podía tomar esa decisión.
Nosotros conversamos por más de una hora y finalmente sentí que debía compartir con él un pasaje de Colosenses 1:13,14. Le pedí que lo leyera en voz alta.
"Dios nos ha librado de la potestad de las tinieblas y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados".
Luego le expliqué, "Hay solamente dos reinos en el mundo - el reino de Dios y el reino de Satanás. ¿En cuál está usted?" Después de algunos momentos pensando en silencio, dijo, "Creo que en el reino de Satanás".
Y luego le pregunté, "¿Qué le gustaría hacer al respecto?"
El contestó, "Me gustaría pasarme al reino de Dios".
Entonces, este gran general, cuya influencia se había sentido en el mundo, confió su vida a Cristo y pasó de la obscuridad y desesperanza de los dominios de Satanás, al reino del Hijo Amado de Dios.
¿Ha sido usted engañado por su enemigo Satanás? ¿Alguna vez ha pensado que debería ser una persona mejor antes de que Dios lo acepte? ¿Le ha inducido su enemigo a cuestionar si Dios realmente lo ama? ¿Ha causado que usted se sienta cómodo al desobedecer a Dios?
No importa qué influencia pueda estar apartándolo de Cristo, yo le animo a salir de esa influencia - y volverse a Cristo.
Para estar seguro de que usted es cristiano, deberá conocer estas verdades básicas de la Biblia. No solamente debe usted creer estas verdades intelectualmente, sino como un acto de su voluntad, usted debe aceptarlas y hacerlas parte central en su vida.
Esto comienza sabiendo que Dios le ama y le ofrece un plan maravilloso para su vida. Dios quiere lo mejor para usted. A El le interesan sus necesidades y ha provisto un camino para que usted conozca Su amor y el plan para su vida.
Sin embargo, usted es pecador y está separado de Dios; por lo tanto, no puede experimentar Su amor y el plan que El tiene para su vida hasta que suceda algo maravilloso.
Usted ha sido creado para tener comunión con Dios, pero debido a su terca voluntad egoísta, usted al igual que todas las personas, ha escogido su propio camino. Esta voluntad egoísta, contra la que todos luchamos, está caracterizada por una actitud de rebelión activa contra Dios o indiferencia pasiva hacia El. La Biblia llama a esta voluntad egoísta "pecado". A causa de sus pecados usted está muerto espiritualmente y separado de Dios.
Dios es santo y las personas son pecadoras. Un gran abismo los separa. Las personas intentan alcanzar a Dios y la vida abundante a través de sus propios esfuerzos, tales como vivir una vida buena, mantener ciertas filosofías y practicar una religión. Pero ningún esfuerzo humano capacita a la persona para alcanzar a Dios.