Mi esposa y yo éramos bastante materialistas y egoístas y ambiciosos antes de llegar a ser cristianos. Después de que entregamos nuestras vidas a Cristo, crecimos en la comunión de la iglesia, y conforme estudiábamos la Biblia y nos enterábamos del amor y la gracia de Dios, amábamos más a Jesús, y más queríamos servirle.
Un día, en la primavera de 1951, nos arrodillamos en nuestro hogar, allá en las colinas de Hollywood, California, y literalmente firmamos un contrato con el Señor como un acto formal de renuncia a todos los derechos a gozar de nuestras vidas y rindiéndole todo a El. Cada uno de nosotros hizo una lista de todas las cosas que había deseado antes de enamorarnos de Cristo. ¡Y vaya que teníamos gustos muy lujosos! Fue así como comenzamos a seguirlo verdaderamente.
Hicimos una oración a El diciéndole "Señor, queremos rendirte a Ti todos nuestros planes y deseos ambiciosos, mundanos y materialistas. Mediante Tu gracia y poder fortalecedor, estamos dando la espalda a todas las cosas que nos obstaculizan para poder servirte a Ti, el Dios viviente, en forma más efectiva y fructífera. Tú nos has ordenado buscar primero Tu reino y acumular nuestros tesoros en los cielos. Ahora queremos buscar Tu camino por sobre todas las cosas. Queremos que nuestros tesoros sean usados para Tu gloria. Queremos servirte y hacer lo que Tú quieras hacer e ir a donde Tú quieras que vayamos, sin importar el costo."
Al comenzar su carta a los cristianos de Roma, Pablo escribió, "Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el Evangelio de Dios". En las palabras de Pablo, mi esposa Vonette y yo llegamos a ser esclavos cuando hicimos nuestro compromiso con el Señor Jesús.
Poco tiempo después Dios me dio la visión de ayudar a alcanzar el mundo para Cristo, la cual mencioné anteriormente. Nosotros le llamamos a esta visión la Cruzada Estudiantil para Cristo, Vida Nueva para el Mundo.
En la actualidad, poseemos muy pocos de bienes materiales. Lo que tenemos son mayormente cosas personales. No somos dueños de nuestra casa, la cual alquilamos, ni de un auto, ya que nuestro ministerio provee transporte. Vivimos conforme Dios suple nuestras necesidades literalmente día a día. Pero, ¡qué aventura es vivir para Cristo! - servir al Rey de reyes y Señor de señores sin las ataduras e impedimentos de las posesiones que a menudo nos poseen y roban nuestro poder con Dios y hacia los demás.
Esto puede que nos sea exactamente lo que Dios le ordena hacer a usted, pero cualquiera sea su situación, puede confiar en un Dios amoroso cuando le rinda todas las ambicones de su vida. Ninguna experiencia en la vida se compara con la de buscar primero el reino de Dios, acumular tesoros en los cielos, mantener a Cristo en control de su vida, haciendo lo que El le llama a hacer, y ser un instrumento a través del cual El cambia las vidas de otros. Una vida así es realmente vivida al máximo. Todas las mañanas y por las noches también, nos arrodillamos en la presencia de nuestro Señor, en lo posible lo hacemos juntos, para reconocer Su señorío. Lo invitamos a ser el Señor en cada área de nuestras vidas y declaramos por fe la plenitud y el poder del Espíritu Santo, para que podamos vivir vidas santas y ser testigos más fructíferos de nuestro amado Señor.