Hace algún tiempo tuve el privilegio de enseñar un curso de evangelización en Dallas, Texas. Mi tema trataba de la importancia de ser lleno del Espíritu Santo para ser efectivo y fructífero en nuestro testimonio por Cristo.
Al finalizar mi conferencia, una mujer compartió conmigo la gran preocupación que sentía por su suegro. Ella me dijo, "Mi suegro vive con mi esposo y conmigo. He orado por él muchos años, pero aún no es cristiano. Es de edad avanzada y tengo miedo de que muera sin Cristo. ¿Me ayudará usted?"
Le pregunté. ¿Es usted una cristiana llena del Espíritu? Ella dijo, "Sí. Esta mañana cuando usted finalizó su mensaje, yo pedí por fe la llenura del Espíritu de Dios."
"¡Eso es realmente maravilloso!" exclamé. "Ahora, esto es lo que yo quiero que usted haga. Vaya a su casa y prepárele a su suegro una buena cena. Cuando él esté comiendo, léale este pequeño libro intitulado Las Cuatro Leyes Espirituales. Este folleto contiene la esencia destilada del Evangelio y todo lo que una persona necesita saber para recibir a Cristo como su Salvador y Señor."
Ella me dijo, "¿Piensa usted que realmente me oirá?"
"Sí," le dije, "El Espíritu Santo de Dios la guiará y capacitará."
Esa misma tarde, ella me llamó. Estaba tan emocionada que apenas podia expresarse.
Me explicó cómo había seguido mis instrucciones y cómo su suegro disfrutó la cena. Ella fielmente le leyó el follento de Las Cuatro Leyes Espirituales El suegro escuchó atentamente y cuando terminó su lectura, ella le preguntó si le gustaría recibir a Cristo. El suegro le contestó, "Por supuesto, me gustaría."
Entonces, inclinaron ambos su cabeza para orar, y él le abrió su corazón a Cristo y llegó a ser un hijo de Dios. Esta mujer, quien había orado por su suegro y le había testificado por antildelos, descubrió que es el Espíritu Santo de Dios quien hace la diferencia al testificar.
Recuerdo las palabras finales que nuestro Señor les dijo a sus discípulos, y por medio de ellos a usted, "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra."
En mi opinión, el mayor avivamiento espiritual que ha habido desde el Pentecostés recién ha comenzado. Millones de cristianos están descubriendo esta gran fuente de poder que alteró el curso de la historia y trastornó al perverso Imperio Romano. Este mismo poder, el poder del Espíritu Santo, está siendo liberado en nuestra generación a través de las vidas de cristianos de fe y obedientes, para cambiar nuestro mundo y acelerar el cumplimiento de la Gran Comisión en nuestra generación.
De acuerdo a nuestras muchas encuestas, usted puede estar seguro de que la mayoría de sus amigos cristianos querrán también saber cómo pueden ser llenos del Espíritu Santo. Por lo mismo me gustaría sugerirle que, dentro de las próximas veinticuatro horas, usted hable de cómo Dios lo ha llenado del Espíritu Santo, por lo menos con una persona más. El compartir con otra persona será una expresión tangible de su decisión de pedir la plenitud del Espíritu Santo por fe. El compartir cómo fue usted lleno del Espíritu Santo, indudablemente será de ayuda a otros que vendrán a regocijarse también en la vida abundante prometida por nuestro Señor por medio del Espíritu Santo.
Usted puede continuar respirando espiritualmente por el resto de su vida. Exhale confesando sus pecados en cualquier momento que se dé cuenta que está contristando al Espíritu, e inhale apropiándose del poder del Espíritu Santo por fe, como un acto de su voluntad. Por medio de la respiración espiritual, usted puede vivir una vida abundante, gozosa y fructífera para la gloria de nuestro Señor y Salvador.