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Prepárese para el conflicto espiritual
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Prepárese para el conflicto espiritual

La Biblia explica que hay tres grandes fuerzas - el mundo, la carne y el diablo - que constantemente batallan contra los creyentes. Observemos brevemente cada una de estas fuerzas.

1. El mundo

Yo no conozco a nadie que ame este mundo y que haya sido usado por Dios de una manera significativa. El dinero y cualquier otro tipo de éxito material, no tiene nadae malo. Sin embargo, usted debe tener cautela con la influencia del materialismo. Usted debe colocar su afecto en Cristo y Su reino, no en las cosas materiales de este mundo. 1 Juan 2:15-17 advierte:

No amen a este perverso mundo y sus ofrecimientos. El que ama estas cosas no ama de verdad a Dios, porque las mundanalidades, las pasiones sexuales, el deseo de poseer todo lo que agrada, y el orgullo que a veces domina a los que poseen riquezas o popularidad, no provienen de Dios sino de este perverso mundo. Y el mundo ha de desvanecerse y con él se desvanecerá cuanto de malo y prohibido contiene; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

2. La carne

La Palabra de Dios enseña que el cristiano espiritual debe estar preparado para batallar contra la carne. A lo largo de su vida usted tendrá conflictos. En ningún momento estará usted libre de tentación. Gálatas 5:17 dice:

Porque por naturaleza nos gusta hacer lo malo. Esto va en contra de lo que el Espíritu Santo nos ordena hacer; lo bueno que hacemos cuando la voluntad del Espíritu Santo se impone, es exactamente lo opuesto a nuestros deseos naturales. Estas dos fuerzas luchan entre sí dentro de nosotros y nuestros deseos están siempre sujetos a sus presiones.

Todas las personas, sin importar su grado de madurez en Cristo, experimentan tentación y tienen tendencia hacia el pecado. Sin embargo, hay una diferencia entre tentación y pecado. La tentación es la inclinación inicial de hacer algo contrario a la voluntad de Dios. Tal inclinación la tienen todos los hombres y mujeres, aunque trabajen para el Señor y aun cuando no hayan pecado. La tentación se transforma en pecado cuando usted piensa en la tentacion y desarrolla un deseo carnal que a menudo es seguido por un acto de desobediencia.

Pero este conflicto se resuelve totalmente cuando usted, por un acto de su voluntad, se rinde bajo el control del Espíritu Santo y enfrenta esas tentaciones en Su poder. Gálatas 5:16 dice:

Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.

¿Cómo puede hacer esto? En la vida práctica y a diario reconozca su debilidad en el momento en que es tentado y pídale al Señor que se haga cargo del problema por usted. Cuando yo soy tentado, a menudo le recuerdo al Señor que yo le pertenezco y que necesito Su ayuda. Le pido que con Su sangre limpie mi mente de ciertos pensamientos y que me controle y capacite con el Espíritu Santo. De ese modo no me rindo a ninguna tentación.

3. El diablo

Satanás es un enemigo real - no debemos equivocarnos en esto - sino que debemos estar preparados para el conflicto con él. Debemos estar siempre alertas contra sus hábiles trucos y su astucia, así como también reconocer sus claros intentos por hacernos fracasar y por destrozarnos. 1 Pedro 5:8-9 dice:

Practiquen el dominio propio y estén alertas.

Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar.

Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos.

En una ocasión un joven ministro compartió conmigo, "Le tengo miedo al diablo".

Le dije, "Debería temer a Satanás si usted continúa intentando controlar su propia vida. Pero si usted está dispuesto a permitir que Dios la controle, usted no tiene que temer nada, porque la Biblia dice: "Mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo".

"Satanás fue derrotado hace 2.000 años," le expliqué, "cuando Cristo murió en la cruz por nuestros pecados, cumpliendo las profecías. Aunque Satanás tenga gran poder e influencia sobre el hombre, él tiene solamente el poder que Dios le ha permitido. Por eso es que al enfrentar la gran persecución, los discípulos pudieron orar a Dios en Su soberanía y poder," para hacer lo que tu mano y tu consejo habían antes determinado que hicieran."

Mi amigo ministro había vivido en una ciudad donde se encontraba uno de los zoológicos más grandes del mundo. Le pregunté, "¿En su ciudad, qué hacen con los leones?"

El respondió, "Los enjaulamos."

Le dije, "Eso es exactamente lo que Dios ha hecho con Satanás. Visite la jaula en el zoológico y observe al león paseándose impaciente de un lado a otro. El no puede hacerle daño a usted. Aunque se acerque mucho a la jaula, tampoco podrá herirlo si usted es cuidadoso. Pero si usted entra a la jaula el león lo devorará. Usted no tiene nada que temer mientras permanezca fuera de la jaula."

"De igual modo, usted no tiene nada que temer de Satanás mientras dependa de Cristo y no de su propia fuerza. Recuerde, Satanás no tiene poder excepto aquel que Dios en su sabiduría le permite que tenga."

El apóstol Pablo nos advierte, "Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne sino principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes".

Aunque Satanás y las fuerzas de la oscuridad son enemigos peligrosos y usted debe estar alerta acerca del modo en que Satanás trabaja, no debe tener miedo de él - si su vida está rendida al Señorío de Cristo, si continúa caminando en fe y en obediencia en el poder del Espíritu Santo. A pesar de que Satanás es un experto en engañar e inducir a los cristianos a desobedecer a Dios, usted no debe temerle. Recuerde, la Biblia dice, "Mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo." Pero si usted continúa siendo un cristiano mundano, tendrá que prepararse para enfrentar problemas reals en su vida personal, en su familia y en su iglesia. No hay un lugar más peligroso y vulnerable para un cristiano que vivir fuera de la perfecta voluntad de Dios como un cristiano mundano o carnal.

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